La idea de estos ejercicios DE DISCIPLINA surge, simplemente, de llenar tiempo vacío.
No pretenden sino descubrir en mí (evidenciándolo) un impulso creador. Un motor compulsivo. Un detonador que, habitualmente, me obliga (sugiere) a hacer tal o cual acto sencillamente para que las cosas estén “donde deben estar”. Ese “dónde”, o la decisión premeditada de diseñar con algún fin concreto o no ese “deber estar”, es la manivela estructural de estos ejercicios DE DISCIPLINA.
Si estos ejercicios DE DISCIPLINA fueran una “investigación” (interpretándolos como tales), la “tesis” podría ser que el impulso creador primigenio es inherente a la condición (¿lúdica?) del ser humano y que esta se manifiesta en multitud de pequeños actos que, sencillamente, pasan desapercibidos porque no les prestamos atención en tanto que “creaciones”. Si estos ejercicios DE DISCIPLINA fueran parte de una serie de trabajos “creativos” (interpretándolos como tales), podrían dar lugar a “piezas” que plantearían un cuestionamiento irónico o conceptual sobre el “soporte” de la “obra de arte”.
Pero estos ejercicios DE DISCIPLINA, simplemente, son eso: ejercicios, adiestramientos, gimnasias o prácticas que producen en mí tranquilidad y/o placer, y su único objetivo es ir generando a lo largo del tiempo algún tipo de material que permanezca y que se preste a su posterior mediación, maniobra, estudio, reflexión, (amplio) etc.